Durante la segunda jornada del Bienestar Fest, el psicólogo sistémico y relacional Matías Muñoz presentó herramientas para construir vínculos de pareja más sanos

Según explicó, una relación saludable permite que cada persona se exprese, manifieste lo que siente y pida lo que necesita sin adaptarse de manera excesiva para obtener aceptación

Tres lealtades para sostener el vínculo

Muñoz planteó que una pareja equilibrada necesita combinar tres compromisos: con las necesidades propias, con las del otro y con aquello que ambos construyen en común

Cuando solo prevalece lo individual, el vínculo puede volverse frágil. En el extremo opuesto, si una persona se desatiende para ocuparse exclusivamente de la otra, aparece una relación asimétrica, similar a la de un padre con un hijo o a la de un jefe con un empleado

Los proyectos compartidos funcionan como un punto de encuentro. Pueden ser actividades cotidianas, un viaje, la decisión de tener hijos o la construcción de una casa

Reconocer las huellas afectivas

El especialista también se refirió a los modelos de pareja que cada persona incorpora durante su crecimiento a partir de la familia y de otros vínculos cercanos

La vida en pareja, sostuvo, ofrece la posibilidad de conservar algunos rasgos aprendidos y modificar otros. Por ejemplo, alguien puede rescatar la ternura de un padre sin repetir su impulsividad, o valorar el coraje de una madre sin reproducir su silencio

Para Muñoz, tomar conciencia de esos patrones es central: aquello que no se reconoce tiende a repetirse, mientras que identificarlo permite elegir cómo actuar

De la crítica a la aceptación

Durante la exposición, señaló que la crítica aparece como un factor especialmente relevante en las separaciones y ejemplificó con frases que atribuyen toda la responsabilidad al otro

Como parte de una experiencia práctica, pidió a los asistentes que se organizaran en parejas, incluso con personas desconocidas. Primero, una persona debía observar a la otra durante un minuto desde una mirada crítica, siguiendo sus indicaciones. Después, debía reemplazar esa actitud por una mirada de aceptación incondicional

Al finalizar, invitó a registrar las sensaciones corporales producidas por cada experiencia. La mirada crítica generó deseos de alejarse, mientras que la aceptación produjo ganas de permanecer. El ejercicio concluyó con un llamado a trasladar esa conciencia a la vida cotidiana