Desde temprano, Guido Miranda acomoda los diarios y recibe a sus clientes en su puesto de la zona de Azucena Villaflor y Aimé Painé, junto a la plazoleta Juan Manuel Fangio. Algunos vecinos pasan antes de ir a trabajar; otros mantienen una rutina de años
Miranda comenzó a trabajar en Puerto Madero en 2000, cuando el barrio todavía estaba en expansión. Más de dos décadas después, su puesto, el único del barrio, quedó bajo amenaza de retiro por una cuestión administrativa: la falta de un permiso vigente para ocupar el espacio público
El canillita recibió dos actas de intimación, fechadas el 8 y el 20 de octubre. En ellas se le exige retirar la estructura, bajo apercibimiento de multa o remoción
Miranda sostiene que trabaja como vendedor de diarios desde hace más de 30 años y que acompañó el crecimiento del barrio desde sus primeras obras. Con el tiempo, se convirtió en una referencia para residentes, empleados de oficinas y huéspedes de los hoteles
Aunque reconoce que el consumo de publicaciones impresas disminuyó con la expansión de internet, afirma que todavía existe un grupo de lectores que busca el ejemplar en papel y lo considera parte de su rutina cotidiana
Una habilitación con antecedentes y domicilios diferentes
La actividad de Miranda obtuvo reconocimiento administrativo en 2013, cuando recibió una credencial del Registro Nacional Integrado de Vendedores y Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines. En junio de 2022 consiguió un certificado con tres años de vigencia, pero no pudo renovarlo en 2025
Además, el 14 de mayo de 2015, una disposición de la Dirección General de Ordenamiento del Espacio Público porteña autorizó la instalación de un punto de venta en la acera de Juana Manso 741
Según relata Miranda, la autorización no pudo concretarse en ese lugar porque la Corporación Antiguo Puerto Madero, que tiene jurisdicción en el barrio, no permitió la instalación. Por eso continuó trabajando en una estructura precaria en el entorno de Juana Manso y Azucena Villaflor
En 2020, los vecinos organizaron un homenaje por el Día del Canillita y plantearon la posibilidad de que tuviera un puesto formal. Al año siguiente se inauguró uno, aunque en un domicilio diferente del previsto originalmente
Ahora, cinco años después, Miranda volvió a quedar en una situación irregular. El Ministerio de Espacio Público porteño señaló que el caso podría resolverse favorablemente si completa la habilitación mediante la plataforma Trámites a Distancia
El vendedor asegura que reactivó el expediente y que pidió trasladar la autorización de 2015 al emplazamiento actual, o bien obtener un permiso específico para continuar allí. Su reclamo, explica, no busca quedar al margen de las normas, sino encontrar una vía administrativa que le permita seguir trabajando
El respaldo de los vecinos
La posible desaparición del puesto también generó preocupación entre los residentes. Mercedes Guarnieri, de 80 años, conoce a Miranda desde hace dos décadas y destaca su cercanía con la comunidad. Incluso cuenta que él la llama “la madrina del puesto”
Guarnieri considera que el conflicto afecta también a quienes todavía compran diarios impresos. Dice que, cuando no pudo conseguir un ejemplar allí, tuvo que viajar hasta Parque Lezama para encontrar otro puesto
José Manuel Barbosa sostiene que Miranda construyó un vínculo con los habitantes y que su actividad forma parte de la historia cotidiana de Puerto Madero
Roberto Agostinelli, jubilado de 70 años y vecino del barrio desde hace entre 15 años, considera que el puesto excede su función comercial. Allí se presentó un libro y los residentes proyectaron sumar bancos y una estantería para organizar lecturas y nuevas actividades
Como señal de apoyo, los vecinos planean colocar una placa en reconocimiento a los años de trabajo de Miranda en el barrio