En la avenida Alvear 1605, entre mansiones de arquitectura francesa y residencias palaciegas, se encuentra el Palacio Fernández Anchorena. Aunque su fachada puede pasar inadvertida entre las construcciones de Recoleta, el edificio fue escenario de algunos de los episodios sociales y religiosos más destacados de Buenos Aires
La propiedad, actual sede de la Nunciatura Apostólica, alojará al papa León XIV durante su visita a la ciudad. Antes recibió a dos pontífices, a Teresa de Calcuta, a Eva y Juan Domingo Perón y al presidente Marcelo Torcuato de Alvear
Una residencia que nunca ocupó su primera familia
Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena encargaron la construcción del palacio en 1907 al arquitecto francés Édouard Le Monnier. Sin embargo, el matrimonio nunca llegó a vivir allí. Durante los primeros 15 años, la casona estuvo habitada únicamente por el personal doméstico encargado de mantener sus grandes salones y habitaciones
En 1922, Marcelo Torcuato de Alvear alquiló el inmueble para instalarse junto con su esposa, Regina Pacini. El edificio se convirtió entonces en residencia presidencial, aunque la pareja vivió allí solo durante un año
El oratorio de Adelia Harilaos de Olmos
Después de la estadía presidencial, la propiedad fue alquilada por Adelia María Harilaos de Olmos, viuda del exgobernador cordobés Ambrosio Olmos. Más tarde, la mujer terminó comprando el palacio
Adelia transformó una de las habitaciones en un oratorio. Allí se celebraba misa todas las mañanas a las 7, con la participación del personal doméstico y de sus sobrinas, que vivían en la casa
Su historia personal había comenzado lejos de Recoleta. Se casó con Ambrosio Olmos, quien murió cuatro años después. Tras enviudar, atravesó problemas psiquiátricos y fue internada en una clínica de Francia por decisión de su familia. Regresó a la Argentina en 1913 y asumió la administración de unas 300.000 hectáreas heredadas en Córdoba
Del balcón al Congreso Eucarístico
La vida social de Adelia tuvo al palacio como uno de sus principales escenarios. Poco después de mudarse, invitó al balcón a las mujeres de los ministros para observar el paso del Príncipe de Gales por la avenida Alvear
En 1932, Buenos Aires fue sede del Congreso Eucarístico Internacional. El papa Pío XI envió como delegado al cardenal Eugenio Pacelli, quien años después sería elegido como Pío XII. Adelia copresidió la Comisión de Damas y recibió al cardenal en su propia residencia
También alojó allí a parte de la comitiva llegada desde el Vaticano y preparó una cama con dosel, escudo, sábanas y toallas bordadas. Una versión transmitida como leyenda sostiene que Pacelli, sorprendido por el lujo de la casa, habría dormido en el suelo. El cardenal llevaba una vida austera y no solía comer en el comedor principal junto con Adelia
La participación de la anfitriona no se limitó al hospedaje. Según la reconstrucción de su historia, financió buena parte del Congreso mediante la venta de una de sus estancias. La misa se realizó en el Monumento de los Españoles, donde se colocó una cruz de yeso sobre la estatua, también costeada por ella
Después del Congreso, Adelia fue nombrada Marquesa Pontificia. A partir de entonces amplió sus obras de beneficencia: construyó 27 iglesias, colaboró con la fundación del Cottolengo de Don Orione y apoyó la creación de colegios, hospitales, asilos y una colonia de vacaciones para obreras. Para financiar ese patrimonio social vendió casi el 80% de sus tierras
La última voluntad y la llegada de la Santa Sede
En 1948, Adelia recibió en su casa a Eva y Juan Domingo Perón, en un contexto de enfrentamiento entre el matrimonio y las mujeres de la Sociedad de Beneficencia
Adelia murió en 1949. En su testamento dejó instrucciones para su funeral, destinó parte de la herencia a sus sobrinos y cedió las tierras restantes a los salesianos para que construyeran un colegio destinado a los hijos de los obreros
También donó su hogar para que funcionara exclusivamente como sede de la Nunciatura. El jardín debía venderse y sus fondos destinarse a misas, limosnas, religiosas y colegios confesionales. Finalmente, el palacio fue adquirido por la Santa Sede
Un edificio detenido en el tiempo
El Palacio Fernández Anchorena conserva el mobiliario, la vajilla, la platería, los cuadros y los libros de Adelia. Es una de las pocas residencias porteñas que mantiene su aspecto de comienzos del siglo XX
Su vínculo con las visitas religiosas continuó durante las décadas siguientes. Juan Pablo II se alojó allí en 1982 y 1987, mientras que Teresa de Calcuta visitó la casa en 1979
Actualmente, en el edificio viven el nuncio, el secretario o encargado de negocios y una comunidad de religiosas que se ocupa del mantenimiento. Las persianas de los salones de recepción suelen permanecer cerradas. Durante la visita de León XIV, en cambio, el palacio volverá a abrir sus ventanas y sus espacios principales para recibir a un Papa