La escasez de agua, que afecta a Taiz desde hace más de una década, alcanzó niveles críticos en las últimas semanas. El cerco de los rebeldes hutíes sobre la tercera ciudad más grande de Yemen ha restringido el acceso a los pozos y reducido el ingreso de camiones cisterna
Las plantas desalinizadoras funcionan con poco combustible y la red de abastecimiento apenas logra cubrir las necesidades de más de un millón de personas. Muchas familias racionan cada litro
Antes del cerco, Hadil al-Shahid y sus dos hijos consumían unos 10 litros de agua embotellada al día para beber y cocinar. Ahora deben hacer que esa misma cantidad dure aproximadamente cuatro días. Dejaron de tomar café y té, bebidas que consumían a diario
El precio del agua embotellada aumentó hasta un 75% en pocas semanas. Algunas familias comenzaron a comprarla a crédito, mientras que los transportistas que aún consiguen entrar a la ciudad llegaron a triplicar sus tarifas por el riesgo del trayecto
Un sistema de abastecimiento bajo presión
La infraestructura hídrica de Taiz ya estaba debilitada por los daños de la guerra, el crecimiento de la población y las sequías frecuentes, que redujeron las reservas subterráneas. El suministro mediante camiones había sido una alternativa relativamente confiable, pero el avance hutí cortó rutas y aisló los pozos cercanos
La falta de combustible agrava cada etapa del problema. Las bombas de agua, los generadores de los hospitales y los servicios de recolección de residuos tienen dificultades para operar. Las plantas desalinizadoras trabajan muy por debajo de su capacidad
El deterioro de los servicios eleva el riesgo de enfermedades, incluido el cólera. Algunas familias recurren a pozos sin protección que podrían estar contaminados, mientras la acumulación de basura aumenta las amenazas sanitarias
Agua, comida y combustible cada vez más caros
La provincia de Taiz recibió desde agosto a unas 124.000 personas desplazadas por los combates, aproximadamente la mitad de quienes huyeron de otras zonas de Yemen durante ese período. Algunas viven en tiendas o refugios improvisados y sobreviven con una comida diaria
El gas para cocinar cuesta más de cuatro veces que antes. Algunas familias queman madera, carbón o cartón para preparar alimentos. La escasez también obligó a suspender servicios de recolección de residuos y dificultó el funcionamiento de cocinas comunitarias
La harina y el arroz cuestan alrededor de un 50% más que durante el verano, y las frutas y verduras son difíciles de encontrar. Ahmed Abdel Gaber, desplazado junto con otros nueve familiares, vive entre las ruinas de un edificio y depende de la ayuda y las donaciones para conseguir comida
Al-Shahid, propietaria de un salón de peluquería, perdió sus ingresos cuando el negocio cerró. Sus hijos, de 10 y 5 años, comen principalmente arroz, pan y queso
El valor estratégico de Taiz
El Gobierno yemení conserva el control del centro de la ciudad, mientras sus fuerzas intentan contener a los hutíes en las colinas cercanas, especialmente al este. Para los rebeldes, controlar Taiz abriría una ruta hacia el sur, en dirección a Adén y Lahj
Los hutíes avanzaron después de tomar el puerto de Mokha, situado a unos 130 kilómetros de Taiz y considerado clave para el control del transporte marítimo en el mar Rojo. Tres funcionarios hutíes afirmaron que el grupo domina cerca del 80% del territorio rural que rodea la ciudad y varios barrios, aunque esas afirmaciones no fueron verificadas de forma independiente
La ofensiva también ha golpeado a la población civil. Misiles lanzados por los hutíes impactaron esta semana en una zona residencial y mataron a dos adolescentes. Ahmed Abdel Gaber asegura que escucha explosiones diarias de combates ocurridos a unos cinco kilómetros
Salir de Taiz tampoco es una opción para muchas familias: el transporte y el alquiler de una vivienda en otra provincia resultan demasiado costosos. Para Al-Shahid, permanecer en su casa se volvió inevitable, incluso ante el riesgo de muerte