Frente al cerro La Monja, también conocido como Trono de Nubes, Huenu Mastronardi construyó la vida que imaginaba desde antes de encontrar la tierra. En Trevelin, junto con Carlos “Caio”, convirtió dos hectáreas de antiguas pasturas en una chacra de mieles, flores, huerta y animales
La elección del lugar tuvo razones prácticas: necesitaban agua y caminos adecuados para trasladar las colmenas. También había un deseo personal: que la montaña formara parte de cada mañana
Del consultorio urbano a la tierra
Huenu nació en Esquel y estudió psicología. Durante dos décadas trabajó en distintas ciudades, se especializó en psicología deportiva y laboral, completó una maestría en desarrollo humano y creó una consultora
Al volver a la cordillera conoció a Caio, apicultor bahiense con más de 35 años de experiencia y 17 años de actividad en Trevelin. Ella comenzó con una huerta para producir alimentos sin agroquímicos, pero mantuvo durante un tiempo el ritmo de la oficina
Hace 11 años cerró la consultora. Durante seis años tampoco atendió como psicóloga. La transformación de la chacra pasó a ocupar el centro de su vida cotidiana
Una producción basada en las floraciones
La tierra que compraron pertenecía a una familia de origen galés y antes había sido utilizada como campo de animales. Solo conservaba un chacay y una rosa mosqueta. La pareja plantó árboles, hizo esquejes, instaló alambrados y levantó un invernáculo
Caio administra unas 700 colmenas distribuidas en 20 campos ubicados entre Esquel, Trevelin, Los Cipreses y un establecimiento cercano a Gualjaina. La distancia entre los apiarios permite separar las cosechas según las flores que visitan las abejas
Valle Andino ofrece tres mieles monoflorales y una multifloral. Para que una miel sea considerada monofloral, más del 45% de su composición debe proceder de una misma flor. Esa predominancia define su color, aroma, sabor y textura
La miel de vicia es suave y proviene de pasturas cercanas. La de melilotus, o trébol de olor, es clara, de cristales finos y perfume intenso. La multifloral reúne distintas especies que florecen durante el verano. La variedad de chacay y mancacaballo, producida con plantas nativas del ecotono cordillerano, tiene grano grueso y un final amargo que atrae a cerveceros y elaboradores de mostazas y carnes
Huenu se ocupa del envasado, las etiquetas y la comercialización. También mantiene los jardines y la huerta. De allí salen melisa, cedrón, poleo y romero, además de aceite esencial de romero en etapa de prueba. La familia cría unas 40 gallinas y vende parte de los excedentes de la producción
El jardín como espacio de bienestar
La chacra también produce rosa mosqueta, manzanas silvestres, hongos, kale, ruibarbo y orégano, que Huenu recolecta o deshidrata según la temporada. Esa abundancia exige una despensa mayor que la habitual en una casa urbana, porque buena parte de los alimentos se cosecha durante el verano
En los últimos años, el proyecto incorporó una dimensión terapéutica. Después de la pandemia, Huenu se formó como terapeuta hortícola. Atiende a algunos pacientes a distancia, pero gran parte de su trabajo se desarrolla entre la huerta, los senderos, el invernáculo y un mandala construido sobre el terreno
Sus talleres parten de una pregunta planteada por cada participante. La exploración continúa en contacto con las plantas y el entorno. Huenu trabaja desde un enfoque centrado en la persona y compara su tarea con el cultivo: preparar el suelo, aportar agua y generar condiciones para que cada semilla se desarrolle
La recuperación del terreno también modificó el ambiente. Allí donde había pasturas volvieron a crecer chacay, ñire, maitén y calafate. La pareja observó el regreso de abejas nativas y del abejorro nativo. Los girasoles que quedaron en pie ofrecieron alimento y refugio a las aves, mientras tres parejas de teros anidan cada temporada
Un mandala trazado sobre un cuarto de hectárea
El diseño más singular de la chacra nació de un sueño que Huenu relacionó con el kultrún y la flor de la vida. Con un compás casero, ella y Caio marcaron cuatro caminos orientados hacia el norte, el sur, el este y el oeste
La figura ocupa un cuarto de hectárea, en un cuadrado de 50 metros por 50. El trazado requirió varios días de trabajo y repasos a pala, porque el crecimiento del pasto borraba las líneas. Después de tres años, llegó la primera primavera con todos los canteros sembrados
Cada cuadrante representa una estación y tiene una combinación de colores. El invierno reúne blancos, celestes y azules; la primavera, rosas, lilas y violetas; el verano, amarillos, naranjas y rojos; y el otoño, bordó, borravino y ocres
El diseño no controla por completo el resultado. Las abejas cruzan la polinización de las flores anuales y al año siguiente aparecen tonos diferentes o plantas que nadie había sembrado. Huenu planifica el jardín, pero deja que el valle complete la obra
Valle Andino recibe visitantes de jueves a domingo, de 14 a 20.30, en el callejón Alun Hughes 994, Trevelin