La migraña es un trastorno del sistema nervioso que puede causar episodios recurrentes de dolor. Aunque sus causas exactas no se conocen por completo, se relaciona con la liberación de sustancias inflamatorias alrededor de los nervios y los vasos sanguíneos de la cabeza

El dolor puede ser moderado o intenso, aparecer en un solo lado de la cabeza o detrás de un ojo y presentar una sensación pulsante. También puede empeorar con la actividad física y durar desde varias horas hasta dos o tres días

Alimentos que pueden integrar una dieta equilibrada

Entre los alimentos mencionados como posibles opciones para ayudar a prevenir molestias se encuentran el pan blanco o de trigo, la carne de res o pollo, las frutas frescas, las lentejas, los espárragos, las verduras de hoja verde, los cereales, el pescado azul y el aceite de oliva

La lista presentada reúne nueve alimentos, aunque el planteo original alude a diez. Su incorporación debe darse dentro de una alimentación equilibrada y acompañarse de hábitos saludables

Qué productos conviene limitar

Las frutas secas, los quesos añejados o madurados, algunos platos preparados con salsa de soja y las bebidas alcohólicas aparecen entre los productos que conviene limitar. La tiramina presente en ciertos alimentos puede favorecer la aparición o intensificación de las molestias en algunas personas

Medidas para aliviar un episodio

Al comenzar el dolor, puede resultar útil buscar un ambiente tranquilo y oscuro, reducir las distracciones y probar con terapia de temperatura. También se menciona el consumo de cafeína en pequeñas cantidades, el mantenimiento de horarios regulares de sueño y la reserva del dormitorio exclusivamente para descansar

Los síntomas habituales incluyen sensibilidad a la luz y los sonidos, además de náuseas. La intensidad y la frecuencia de los episodios pueden variar entre las personas

El papel de las vitaminas del complejo B

Una alimentación saludable también aporta nutrientes vinculados con el funcionamiento cerebral. Dentro del complejo B se destacan la vitamina B1 o tiamina, la B9 o ácido fólico y la B12, además de las vitaminas B2, B3 y B5

El ácido fólico participa en la función de los neurotransmisores y en la salud cerebral. La vitamina B2 interviene en la producción de energía y en el procesamiento de grasas y medicamentos; la B3 participa en procesos relacionados con el colesterol, las grasas y la actividad antioxidante; y la B5 ayuda a las enzimas a producir y descomponer ácidos grasos para obtener energía

La vitamina B12 se relaciona con la prevención de la fatiga, la debilidad y el cansancio. Las dificultades para absorberla pueden provocar síntomas de deficiencia y contribuir a la anemia megaloblástica, un trastorno asociado con la escasez de glóbulos rojos saludables