Escuchar audios acelerados, saltar de un contenido a otro y asociar la pausa con una pérdida de tiempo son conductas habituales del ritmo contemporáneo. Para la psiquiatra española Marian Rojas Estapé, esta velocidad facilita recibir más información, aunque también puede impedir una comprensión profunda
Durante una conferencia, la especialista llamó “2X de la vida” a esa tendencia a hacer, mirar y consumir todo con mayor rapidez. Según su planteo, al concentrarse solo en lo esencial se dejan de percibir detalles importantes de cada experiencia
La velocidad modifica la escucha
La reproducción de audios al doble de velocidad sirve como ejemplo. Permite conocer rápidamente el contenido general de un mensaje, pero puede hacer que se pierdan el tono, las pausas y otros elementos que aportan significado
Esta dinámica también puede mantener a las personas ocupadas de manera permanente y, al mismo tiempo, más alejadas de aquello que están haciendo. La atención pasa de un estímulo al siguiente sin detenerse en sus matices
El impulso de buscar otro estímulo
Rojas Estapé vinculó esta aceleración con un sistema de recompensa variable: la expectativa de que el próximo contenido resulte novedoso o atractivo. Esa espera puede impulsar a seguir mirando, deslizando o escuchando incluso cuando no existe un interés definido
Con el tiempo, la rapidez puede convertirse en un hábito que afecta la capacidad de sostener la atención y de atravesar momentos de quietud
El progreso exterior y el bienestar emocional
La psiquiatra también diferenció el desarrollo material y tecnológico de la atención que se dedica al mundo interior. Mencionó los edificios, los hospitales, la ciencia y la inteligencia artificial como áreas de progreso visible
Sin embargo, ese avance no necesariamente ofrece herramientas para afrontar el miedo a la soledad, el vacío o la tristeza. Desde su perspectiva, la cultura actual está más orientada hacia lo externo que hacia la comprensión de la vida emocional
Por qué cuesta detenerse
Prestar atención al mundo interior requiere tiempo y una reducción deliberada del ritmo cotidiano. Frenar puede resultar difícil porque contradice hábitos incorporados y un entorno que suele premiar la rapidez
La especialista sostiene que, cuando la dinámica diaria funciona como una rueda acelerada, detenerse deja de parecer una decisión natural. La pausa, en ese contexto, se vuelve una práctica contraria a la inercia cotidiana