La evaluación del colesterol dejó de centrarse únicamente en un valor aislado del análisis de sangre. En la consulta, el enfoque actual busca estimar el riesgo cardiovascular individual y, a partir de ese resultado, definir la intensidad del tratamiento
El colesterol puede entenderse mediante una comparación con una autopista arterial. Algunas partículas circulan por los vasos, mientras que el LDL puede depositarse en sus paredes. El HDL, en cambio, participa en el transporte del colesterol desde la pared arterial hacia el hígado
La lipoproteína A, conocida como Lp(a), es otro elemento relevante. Su presencia puede elevar el riesgo cardiovascular y tiene un componente genético. Por eso, se recomienda realizar una medición específica al menos una vez en la vida
Las metas de LDL dependen del riesgo
El objetivo de colesterol LDL no es igual para todas las personas. En pacientes con riesgo bajo, la meta indicada es mantenerlo por debajo de 100 mg/dl. Cuando el riesgo es alto, el objetivo baja a 70 mg/dl
Para quienes tuvieron eventos cardíacos previos o un infarto, la recomendación es más estricta: el LDL debe mantenerse por debajo de 55 mg/dl. La evaluación considera factores como diabetes, hipertensión, tabaquismo y estrés
Alternativas ante los efectos musculares
Las estatinas pueden provocar dolores musculares en aproximadamente el 20% de los pacientes. Cuando aparece este efecto, existe la posibilidad de evaluar alternativas como el ácido bempedoico, siempre bajo indicación médica
Hábitos que acompañan el control
El cuidado del colesterol también incluye una alimentación basada en productos de la tierra y una dieta mediterránea. A esto se suman un descanso adecuado, el control del peso y la eliminación del tabaco
El tabaquismo afecta las arterias cada vez que se fuma. Por eso, abandonar el cigarrillo forma parte central de la prevención cardiovascular