María Jesús Montero, política española, médica y cirujana, reflexionó a los 60 años sobre su trayectoria y la educación que recibió en una familia de profesores exigentes
Según recordó, sus padres buscaban construir un hogar estructurado y armonioso después de haber alcanzado una nueva posición social tras graduarse en la universidad. La exigencia no se limitaba al rendimiento escolar: también incluía los hábitos de estudio y el comportamiento
La presión por alcanzar la excelencia
Montero contó que, si obtenía un 9,75, sus padres le preguntaban por qué no había conseguido un 10. Aun así, reconoció que esa actitud estaba vinculada con el deseo de que sus hijos tuvieran un buen futuro, especialmente porque la familia tenía un origen humilde
Sus padres también defendían la educación pública. Montero mantuvo esa elección con sus dos hijas, quienes estudiaron en instituciones públicas y continuaron allí su formación universitaria
El trabajo invisible dentro del hogar
Al recordar la vida familiar de hacía unos 50 años, describió a su madre como una mujer que debía ocuparse de su empleo y, al mismo tiempo, de las tareas domésticas. Dijo que era imposible llegar a todo en una sociedad en la que las mujeres cargaban con la mayor parte de las responsabilidades del hogar
También destacó la actitud de su padre, quien era consciente del trabajo que realizaba su esposa y asumía muchas más tareas. Para Montero, valorar la capacidad de su madre fue uno de sus gestos más significativos en favor de la igualdad