Después de las fiestas de fin de año, una perra extremadamente delgada, hambrienta y desorientada apareció detrás del alambrado de una quinta bonaerense. Su comportamiento hacía pensar que llevaba tiempo perdida y buscando refugio
En la primera revisión médica, un profesional calculó que tenía entre 3 y 5 años. Damián Echave, músico y autor de libros infantiles, no dudó cuando surgió la posibilidad de buscarle una familia: decidió adoptarla
Una adaptación marcada por la confianza
La perra recibió el nombre de Lala y llegó al hogar que Echave compartía con su pareja, Patu. Al principio era independiente, poco demostrativa y territorial dentro de la casa, aunque se mostraba más segura en la calle y podía involucrarse en conflictos con otros perros
La primera tormenta expuso una faceta desconocida. Lala se escondía debajo de la cama y, cuando el miedo aumentaba, trepaba sobre sus tutores en busca de protección. Las noches de lluvia se volvieron difíciles para todos
Con el tiempo, Echave entendió que esa reacción no podía corregirse mediante el enojo o la presión. Durante las tormentas comenzó a levantarse y estudiar piano. En algunas ocasiones, el sonido constante de las teclas ayudaba a que Lala se calmara
Una manada que creció con los años
La familia también incorporó a Tango, que se convirtió en el compañero inseparable de Lala. Después llegaron Cuba, una perra cuidadosa de sus espacios, y Rocky, un perro ciego y con problemas de salud, pero de carácter afectuoso
Cuando nació Oliverio, la familia estaba integrada por siete miembros: la pareja, su hijo y cuatro perros. Todos se trasladaban juntos en un pequeño Fiat 147. El niño creció entre juegos, ladridos y pelos, aprendiendo desde temprano a convivir y respetar a los animales
La experiencia llevó a la familia a reflexionar sobre la empatía hacia otras especies. La historia del rescate y del vínculo construido con Lala también inspiró una canción sobre la mano que se tendió desde el otro lado del alambrado
Qué ocurre durante una tormenta
El miedo intenso a los truenos, la lluvia y los relámpagos puede activar una respuesta de supervivencia en los perros. La veterinaria Lucía Borlle explica que sus sentidos más agudos hacen que los sonidos, los destellos y el olor a ozono sean estímulos especialmente perturbadores
Ante esa combinación, el organismo libera cortisol y adrenalina, mientras el cerebro interpreta que existe una amenaza directa. Por eso, la reacción no debe confundirse con un capricho o una conducta voluntaria
Cómo acompañar a un perro con miedo
El manejo depende de cada caso y puede requerir la intervención de un veterinario o de un especialista en etología clínica. Los medicamentos, cuando son necesarios, deben ser recetados y supervisados por un profesional. No se deben administrar fármacos humanos ni medicar al animal por cuenta propia
En el hogar, conviene permitir que el perro elija un lugar donde se sienta protegido, como un baño sin ventanas, un placard abierto o una cucha acondicionada con mantas y prendas que tengan el olor de sus tutores. También es recomendable retirar objetos con los que pueda golpearse y reducir los estímulos visuales
La música, la televisión o un ventilador a volumen moderado pueden ayudar a amortiguar el impacto de los truenos. La actitud de los tutores también es importante: deben mantenerse serenos, hablar con calma y ofrecer contacto físico o juegos sólo si el animal los busca