Ingresar al Palacio Barolo permite recorrer una construcción que conserva parte de la atmósfera de la Buenos Aires de principios del siglo XX. El edificio, ubicado sobre la Avenida de Mayo, mantiene sus antiguos ascensores, pasillos, techos y detalles arquitectónicos
Inaugurado en 1923, fue diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti para el empresario textil Luigi Barolo. Su arquitectura combina rasgos del Neogótico y el Art Nouveau con referencias a la arquitectura de la India y modernas técnicas de construcción para la época
Una idea nacida frente a la fachada
En 2004, Miqueas Thärigen estudiaba Medicina y trabajaba como cadete en el Barolo, donde su tío se desempeñaba como administrador. Como necesitaba aumentar sus ingresos, observó a los turistas que miraban el edificio desde la calle y pensó en llevarlos hasta el faro
Las primeras visitas se realizaron los lunes y jueves, entre las 14 y las 18, con salidas cada hora. Para promocionarlas, repartía folletos y contactaba agencias de turismo por correo electrónico
La relación de la familia con el inmueble había comenzado décadas antes. Carlos Jorio, bisabuelo de los hermanos, instaló allí su estudio contable en 1926. Desde entonces, distintas generaciones mantuvieron un vínculo con el edificio
Un recorrido inspirado en Dante
La propuesta no se limitó a subir al faro para observar Buenos Aires. Los hermanos diseñaron un recorrido que comienza en la planta baja y utiliza la arquitectura para narrar la historia del palacio
Los 100 metros de altura representan los 100 cantos de La Divina Comedia. La planta baja alude al Infierno mediante figuras, inscripciones en latín y referencias a la obra de Dante Alighieri. El ascenso continúa simbólicamente por el Purgatorio hasta llegar al faro, asociado con el Paraíso
Los guías incorporaron vestimenta inspirada en la Buenos Aires de comienzos del siglo pasado, con sombreros, camisas blancas y tiradores. Las visitas incluyen una oficina ambientada como en la década de 1920, los antiguos ascensores y el acceso al faro
Actualmente, el Palacio Barolo recibe alrededor de 4200 visitantes por mes. Los recorridos se realizan durante todo el año, en horarios diurnos y nocturnos, y duran entre una hora y media y dos horas
Turismo y mantenimiento del edificio
El Barolo continúa funcionando como un edificio privado de oficinas, con propietarios, administración y un consorcio encargado de afrontar los gastos de conservación
En sus comienzos contaba con unas 400 oficinas. Hoy tiene alrededor de 300 unidades y entre 60 y 70 propietarios, según los hermanos Thärigen. El mantenimiento exige trabajos especializados: las puertas curvas deben repararse de forma artesanal y algunas piezas de los ascensores originales tienen que fabricarse especialmente
Los ingresos de las visitas guiadas aportan recursos al consorcio y permiten reducir aproximadamente un 40% las expensas, aunque el porcentaje varía según la recaudación de cada período. La actividad funciona mediante una concesión que primero fue de tres años y luego de cinco, vigente hasta 2027
Un proyecto gastronómico previsto desde 1919
En 2015, los hermanos compraron un espacio con dos terrazas en la parte superior del edificio. Como estaba alquilado, recién pudieron tomar posesión en 2017. El lugar había sido utilizado como taller de costura, oficinas de publicidad y negocios vinculados con la ropa de tango
Al revisar los planos originales de Palanti, elaborados en 1919, encontraron que allí ya estaban previstos un salón restaurante y una terraza gastronómica. El proyecto se concretó un siglo después con la apertura de Salón 1923, en 2019
El rooftop conserva una estética inspirada en los años 20, con ambientación Art Déco, muebles de época y dos terrazas. El personal también utiliza vestimenta acorde con el estilo histórico del edificio