Una taza de café dibujada al pie de una carta resume el tono de una amistad singular. Federico Manuel Peralta Ramos le escribía a Víctor Magariños D. desde comienzos de los años 70 y, en sus mensajes, mezclaba afecto, humor y reflexiones sobre el universo
Esas cartas forman parte de Cosmonautas, una exposición curada por Javier Villa y Juan Cruz Andrada en la galería Del Infinito. La muestra recupera la relación entre dos artistas cuyas obras siguieron caminos estéticos muy distintos
Dos formas de entender el arte
Peralta Ramos fue una figura de la vanguardia argentina. En 1968 convirtió una cena en el Alvear en una obra de arte que pagó con una beca Guggenheim. En 1972 también se presentó como objeto artístico en el Centro de Arte y Comunicación, con El objeto es el sujeto
Magariños D. desarrolló el llamado “arte cosmológico”. Trabajó con la abstracción sobre papel y tela, y exploró el espacio mediante la escultura. Su propuesta no buscaba representar el cosmos, sino provocar una experiencia de sus fuerzas y de sus transformaciones
El recorrido reúne documentos del archivo Magariños D. con obras del artista. Organizadas en siete núcleos, las piezas plantean una conversación: las palabras de Peralta Ramos parecen responder a las imágenes de Magariños, mientras que las obras dan una dimensión visual a las cartas
Cartas entre la costa y la ciudad
La amistad habría comenzado alrededor de 1965, durante un viaje a Estados Unidos realizado con una beca del gobierno de ese país. En el grupo también viajaron Pablo Suárez, Ary Brizzi y Rogelio Polesello
Dos años más tarde, Magariños D. se instaló en una casa sobre un médano, junto al mar, en Pinamar. El lugar se transformaría después en Casa Museo y suele abrir al público durante el verano y en ocasiones especiales
Desde allí, las cartas viajaban hacia Buenos Aires, donde vivía Peralta Ramos. En ellas aparecían temas como Dios, la espiritualidad, el futuro de la humanidad, las energías, el bien y el mal, el arte, la vida y el cosmos
Peralta Ramos describía a ambos como “psicodiferentes” o “patitos feos”, en referencia al cuento de Hans Christian Andersen. Para él, esa diferencia era también una forma de compartir una sensibilidad y una disposición hacia el amor
El cosmos como experiencia interior
La idea de un “firmamento interno”, vinculada con el endocosmos o intracosmos, encuentra una expresión visual en las obras de la serie Finito infinito. Líneas azules ondulantes rodean centros verdes, azules, amarillos y rojos, y producen la impresión de un universo contenido dentro de otro
En otro núcleo, un poema de Peralta Ramos evoca una noche de campo y la posibilidad de que lo imposible ocurra. Junto al texto, una obra concentra un rojo intenso en el centro, asociado a una fuente de energía
El arte como forma de vida
Una carta de seis páginas, escrita con letra grande y tinta roja, reflexiona sobre la relación entre la creación artística y la experiencia cotidiana. Peralta Ramos sostiene allí que un artista debe atravesar la “colimba de la vida”, entendida no como una experiencia militar, sino como el aprendizaje que surge de vivir
Las obras que acompañan ese texto muestran líneas de varios colores que se curvan, se separan, se reúnen y cambian de dirección. El movimiento sugiere una vida sin recorrido recto y una concepción del arte comprometida con cada decisión personal
Otro conjunto presenta hojas de papel con seis imágenes independientes de diez por diez centímetros. Algunas anticipan obras que Magariños D. luego trasladaría a tela, aunque también pueden entenderse como imágenes pensadas durante un proceso
El montaje incluye piezas suspendidas con sutileza, como si flotaran en la sala. Las asociaciones entre cartas y obras proponen un juego abierto, en el que el público puede completar el diálogo entre ambos artistas
Cosmonautas puede visitarse de lunes a viernes, de 11 a 17, en la galería Del Infinito, Quintana 325, planta baja