Los ojos están expuestos de forma permanente al ambiente. Las variaciones de temperatura y humedad, la radiación ultravioleta, el viento, las lluvias, el polvo y otros contaminantes pueden afectar la superficie ocular
Las primeras señales suelen ser picazón, ardor, sensación de cuerpo extraño, lagrimeo y enrojecimiento. Si las molestias persisten o aparecen cambios en la visión, es necesario realizar una evaluación oftalmológica
El calor puede acelerar la evaporación lagrimal
Las temperaturas elevadas y la baja humedad alteran la estabilidad de la película lagrimal, una capa que recubre y protege el ojo. Esto puede causar sequedad, sensación de arenilla, ardor, picazón, enrojecimiento y lagrimeo, especialmente en personas con ojo seco o sensibilidad ocular
La radiación ultravioleta también puede afectar distintas estructuras oculares. Una exposición excesiva o acumulativa se ha relacionado con problemas como el pterigión y las cataratas, además de una posible asociación con la degeneración macular relacionada con la edad. Por eso, la protección no debería limitarse a los días soleados
Polvo, viento y contaminantes
Las partículas suspendidas pueden entrar en contacto directo con la superficie del ojo y desencadenar picazón, ardor, lagrimeo o sensación de cuerpo extraño. Estas molestias también pueden presentarse en casos de ojo seco y conjuntivitis alérgica o irritativa
Quienes pasan varias horas al aire libre, trabajan expuestos al polvo o tienen antecedentes de alergias o sequedad ocular deben prestar especial atención a la aparición o persistencia de estos síntomas
Medidas para reducir el riesgo
Cuando aumenta la temperatura, la película lagrimal se evapora con mayor rapidez y deja al ojo más expuesto a la radiación ultravioleta, el polvo y el viento. Frotarse los ojos puede agravar la irritación y, en ambientes secos, aumentar el riesgo de infecciones y lesiones en la córnea
Para proteger la superficie ocular se recomienda
- Usar lentes con protección UV400 certificada. Un índice UV superior a 11 puede provocar quemaduras en la córnea y acelerar la aparición de ojo seco, conjuntivitis, queratitis y pterigión.
- Aplicar lágrimas artificiales sin preservantes. El 60% de las consultas por molestias mejora al recuperar las capas lipídica y acuosa que el calor puede evaporar.
- Evitar frotarse los ojos. El rascado continuo se asocia con un aumento de hasta 30% en la progresión de deformaciones corneales, como el queratocono, además de favorecer la inflamación.
- Limpiar suavemente los párpados y las pestañas. Esta higiene puede reducir en un 40% la acumulación de secreciones y microorganismos, mantener despejados los orificios de drenaje glandular y favorecer la estabilidad de la película lagrimal.
- Hacer pausas para descansar la vista mediante la regla 20-20-20: mirar durante 20 segundos a una distancia de 6 metros cada 20 minutos.