Los candidatos presidenciales de Brasil realizaron el sábado sus últimos llamados al electorado, en la víspera de una segunda vuelta que se presenta muy reñida
Decenas de miles de simpatizantes salieron a las calles con la intención de convencer a los pocos votantes que aún no han decidido su voto. Las encuestas difundidas ese día anticipaban una contienda que podría resolverse por diferencias pequeñas
Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, encabezó en São Paulo una concentración que podría haber sido la más grande de su carrera en la avenida Paulista. Por la mañana también había reunido seguidores en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro
Flávio Bolsonaro, de 45 años, movilizó a sus partidarios en Río de Janeiro, su ciudad natal, y en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais. Durante décadas, ese estado ha acertado al señalar al ganador de las elecciones brasileñas
Los actos del sábado culminaron una campaña que se intensificó desde comienzos de octubre. En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Bolsonaro obtuvo más de 2,2 millones de votos de ventaja sobre Lula
Casi 160 millones de brasileños están habilitados para votar. Más de 33 millones, equivalentes al 21% del electorado, no participaron en la primera ronda y podrían afrontar una pequeña multa si no justifican su ausencia. Quienes no votaron entonces pueden hacerlo en la segunda vuelta
Brasil utiliza máquinas de votación electrónica. Los electores ingresan los números correspondientes a sus candidatos y los resultados se informan pocas horas después del cierre de las urnas
El resultado también tendrá consecuencias regionales. Una victoria de Bolsonaro incorporaría a Brasil a un grupo de países latinoamericanos que en los últimos años eligieron a dirigentes aliados del presidente estadounidense Donald Trump. Un triunfo de Lula mantendría una mayor distancia entre la principal potencia económica de la región y Washington