Una eventual victoria de Flavio Bolsonaro en Brasil reforzaría la presencia de gobiernos de derecha en América Latina. El giro comenzó con la elección de Javier Milei, a fines de 2023, y continuó con los triunfos de José Antonio Kast en Chile, Abelardo De la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú

Sin embargo, la continuidad de esta tendencia está en discusión. Kast perdió diez puntos de popularidad durante su primer mes de gobierno, después de anunciar un aumento de los combustibles. En Perú, la aprobación de Fujimori cayó de 42,8% a 28,3% en octubre, mientras su desaprobación llegó al 53,6%

Un voto más práctico que ideológico

La explicación no necesariamente está en un avance uniforme de la derecha. Una parte de los electores parece votar contra quienes gobiernan, más que a favor de una identidad política determinada

La economía, la seguridad y el cumplimiento de las promesas pesan más que la fidelidad partidaria. En ese escenario, los candidatos se presentan como una alternativa frente al oficialismo y deben demostrar resultados con rapidez

El caso de Nayib Bukele es utilizado como ejemplo de esa lógica. El presidente salvadoreño conserva alrededor de 80% de aprobación, asociado principalmente a la reducción de la inseguridad. Al mismo tiempo, El Salvador registra el nivel más bajo de apoyo a la democracia en la región: 28%

El desgaste acelerado de los gobiernos

Después de la pandemia, cambiaron la ansiedad y la tolerancia de los votantes. La paciencia frente a la falta de resultados se redujo, mientras la conectividad amplificó la desconfianza hacia los gobiernos, las élites políticas y los partidos

El diagnóstico también aparece en los datos de Latinobarómetro de 2026: cerca de 150 millones de latinoamericanos viven en la pobreza y el 76% declara no sentirse representado por su congreso o asamblea. El informe vincula la crisis de representación con el debilitamiento del Estado de derecho, el avance de liderazgos disruptivos y la incapacidad de las élites para resolver demandas básicas

La región parece atravesar, así, una sucesión de liderazgos de corta duración. La derecha puede ganar elecciones, pero sus gobiernos enfrentan rápidamente el mismo problema que sus antecesores: convertir las promesas en mejoras concretas

Brasil, entre el rechazo y la polarización

La elección brasileña concentra esa tensión. Flavio Bolsonaro no sería impulsado únicamente por el Partido Liberal, sino por su condición de candidato contrario a Lula. Del mismo modo, Lula busca presentarse como el único dirigente capaz de derrotar al bolsonarismo y preservar la democracia y la soberanía del país

La campaña tuvo pocos debates programáticos y estuvo marcada por ataques, denuncias sobre contenidos falsos y movilizaciones callejeras. Flavio Bolsonaro, además, nunca ocupó un cargo ejecutivo

En la recta final, André Janones adquirió protagonismo con el grupo de WhatsApp “La Tropa de Lula”, que superó los ocho millones de integrantes. La estrategia busca organizar la difusión de contenidos favorables al presidente, en una campaña donde las redes sociales tienen un papel central

El resultado brasileño no resolverá por sí solo el debate sobre la ola azul. Si Flavio Bolsonaro gana, tendrá poco tiempo para probar que puede gobernar mejor que Lula. Si Lula es reelegido, enfrentará un Congreso con mayoría de derecha y un bolsonarismo fortalecido

En ambos casos, el factor decisivo parece ser menos la adhesión ideológica que el rechazo al adversario. La política latinoamericana se mueve como un péndulo, pero cada vez con menos tiempo entre el entusiasmo electoral y el desgaste del gobierno