En el verano de 1816, una temporada inusualmente fría y húmeda, Lord Byron reunió a un grupo de amigos en Villa Diodati, junto al lago Lemán. Entre ellos estaban John Polidori, Percy Shelley y Mary Wollstonecraft Godwin, que entonces tenía 18 años

Byron propuso que cada integrante escribiera una historia de fantasmas. Mary comenzó a imaginar un relato sobre los temores más profundos de la naturaleza humana. Dos años después, esa idea se convirtió en Frankenstein o el Prometeo moderno

La novela cuenta la historia de Victor Frankenstein, un estudiante de filosofía natural que consigue dar vida a un cuerpo. Sin embargo, dominado por el miedo y el rechazo, abandona a su criatura

Una novela entre la ciencia y el terror

La obra combina ciencia ficción, terror gótico, romance trágico y parábola. Sus conflictos centrales siguen vinculados con preguntas actuales: qué ocurre cuando alguien intenta superar los límites de la ciencia y qué responsabilidad tiene un creador frente a aquello que ha creado

En el comienzo del siglo XIX, la sociedad atravesaba el umbral de la modernidad. Aunque la palabra ciencia ya existía, la figura del científico todavía no estaba plenamente definida. Los debates sobre la vida, la muerte y la posibilidad de reanimar cuerpos alimentaban una inquietud que Shelley transformó en ficción

Entre las influencias de la autora estuvo el galvanismo, una serie de experimentos que utilizaban corrientes eléctricas para provocar espasmos musculares. Luigi Galvani había trabajado con patas de rana y, en 1803, su sobrino Giovanni Aldini experimentó con el cadáver de un asesino ejecutado

La novela, sin embargo, no ofrece una explicación científica detallada de la creación. El procedimiento permanece deliberadamente impreciso. Esa vaguedad permitió que Frankenstein se convirtiera en un símbolo flexible de los temores asociados con la electricidad, la energía nuclear, los cultivos transgénicos, las células madre y la inteligencia artificial

La criatura que el cine transformó

La criatura aparece en el libro como un ser de piel amarillenta, ojos acuosos y aspecto marchito. Tiene voz, formación literaria y capacidad para expresar sus pensamientos; también es uno de los tres narradores de la novela

Su historia comienza con el abandono de su creador y continúa con el rechazo de la sociedad. Aunque su naturaleza inicial es bondadosa, la marginación alimenta su deseo de venganza. Por eso, la criatura puede leerse como una alegoría sobre la responsabilidad hacia los hijos, los marginados y quienes no encajan en los modelos convencionales de belleza

Las primeras adaptaciones teatrales redujeron la complejidad del libro y fijaron algunos de los elementos que luego se volverían reconocibles: el ayudante de laboratorio cómico, la exclamación sobre la vida y un monstruo de pocas palabras

La película de 1931, dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff, consolidó la imagen cinematográfica del científico loco y de la criatura silenciosa. Desde entonces, la historia pasó por producciones de Hollywood, películas británicas, versiones italianas y japonesas, parodias, cómics, videojuegos, series y canciones

También inspiró obras tan diversas como The Rocky Horror Picture Show, Blackenstein y 2001: Odisea en el espacio. Mel Brooks, Kenneth Branagh y Tim Burton estuvieron entre los creadores que ofrecieron nuevas interpretaciones

El Prometeo moderno

El subtítulo de la novela remite a Prometeo, la figura mitológica que roba el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad. La referencia representa el riesgo de atravesar límites prohibidos

La obra también dialoga con el mito de Adán y con El paraíso perdido. La criatura se presenta como alguien que debería haber sido el hijo de su creador, pero que termina convertido en un ser expulsado y condenado a observar desde afuera la felicidad de los demás

Mary Shelley perdió a su madre al nacer, acababa de enterrar a su propia hija y cuidaba de su hermanastra embarazada mientras escribía la novela. La redacción le llevó nueve meses, una circunstancia que refuerza la presencia del nacimiento y la muerte como ejes del relato

Un mito que sigue cambiando

La popularidad de las adaptaciones terminó eclipsando algunos aspectos esenciales del libro. La versión cinematográfica instaló al científico ambicioso y al monstruo mudo, mientras que la novela original daba a la criatura una voz, una educación y una profunda conciencia de su abandono

En 2025, Guillermo del Toro llevó nuevamente la historia al cine, con Oscar Isaac como Victor Frankenstein y Jacob Elordi como la criatura. Su versión puso el foco en el dolor familiar y en la relación entre un padre abusivo y el hijo que abandona

Más de dos siglos después de su publicación, Frankenstein continúa funcionando como una parábola sobre la ciencia, la responsabilidad y la exclusión. La historia que Mary Shelley imaginó durante una noche de tormenta dejó de ser únicamente un relato de terror: se convirtió en un mito capaz de adaptarse a cada nueva forma de miedo