MADRID. El riesgo cardiovascular suele evaluarse mediante indicadores como el colesterol, el tabaquismo, la diabetes, la alimentación y la actividad física. Sin embargo, esos datos no siempre reflejan experiencias biográficas que también pueden afectar la salud
Un estudio realizado con pacientes de Cardiología del Hospital 12 de Octubre de Madrid encontró que una de cada tres mujeres había atravesado alguna forma de violencia. El resultado fue presentado como una señal de alerta, aunque los investigadores advierten que la muestra es pequeña y no permite extrapolar las conclusiones a todos los hospitales
Una relación que puede actuar por varias vías
La violencia sostenida puede alterar la respuesta del organismo al estrés y dificultar el cuidado de la propia salud. También puede asociarse con más tabaquismo, obesidad y una menor percepción de los síntomas o de la enfermedad
En contextos de control, amenazas y humillaciones, que pueden prolongarse durante años, el daño no queda limitado a las lesiones inmediatas. La combinación de estrés persistente, menor autocuidado y obstáculos para acceder a la atención puede afectar la salud cardiovascular
El estudio madrileño incluyó a 93 pacientes entrevistadas por un profesional de psicología. El 32,7% declaró alguna experiencia de violencia; el 22,4% refirió antecedentes de violencia de género y el 16,3%, maltrato infantil. Las categorías podían superponerse
Entre los hombres incluidos, el 2,3% declaró alguna experiencia de violencia. Los investigadores señalan que la diferencia puede reflejar tanto una mayor exposición de las mujeres como una menor disposición de los varones a hablar sobre problemas psicológicos o experiencias de violencia
Más demora y peores resultados después de un evento cardíaco
Otro estudio, realizado con 295 mujeres ingresadas por un síndrome coronario agudo, incluido el infarto, halló antecedentes de violencia machista en el 42% de los casos. Las mujeres que continuaban sufriendo violencia tardaban más en consultar desde la aparición de los síntomas
Durante un seguimiento promedio de tres años, la combinación de muerte por cualquier causa, un nuevo síndrome coronario, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca se produjo en el 20,5% de las mujeres con antecedentes de violencia y en el 10,6% de las demás
En una investigación más amplia, que comparó a 18.547 mujeres con violencia machista documentada con 72.231 sin ese antecedente registrado, la incidencia de enfermedad cardiovascular fue un 31% mayor entre las primeras
La evidencia también alcanza a las experiencias de la infancia. Un análisis de diez estudios, con más de 343.000 adultos, vinculó el maltrato infantil con un riesgo de enfermedad coronaria un 52% mayor. Los resultados fueron similares en hombres y mujeres y en distintas formas de abuso
El desafío de trasladar la evidencia a la consulta
Los especialistas plantean que preguntar por antecedentes de violencia debe formar parte de la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, junto con la evaluación de los factores biológicos
La atención no debería limitarse a indicar medicamentos. También requiere detectar posibles situaciones de violencia, ofrecer apoyo psicosocial y abordar los factores que dificultan el autocuidado o retrasan la consulta
Para hacerlo posible se necesitan profesionales capacitados, registros que permitan identificar antecedentes y espacios seguros para conversar. La detección temprana puede evitar que el daño se acumule y debería involucrar a todas las especialidades, no solo a las áreas que habitualmente reciben estos casos