Faltaba poco para la medianoche del martes cuando la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, fue informada de que Flavio Bolsonaro y su familia se encontraban en Puerto Iguazú para ingresar en la Argentina. La funcionaria desconocía que se había montado un dispositivo reservado para facilitar su salida, en el que participaban efectivos bajo su órbita
Monteoliva llamó a Javier Milei para definir cómo actuar. El Presidente, que sí conocía la maniobra, autorizó el procedimiento. Según la reconstrucción oficial, solo Milei, Santiago Caputo y posiblemente Karina Milei estaban al tanto del operativo
La fuga habría sido organizada desde Estados Unidos, en coordinación con el entorno de Bolsonaro. La Argentina habría intervenido como un actor complementario, luego de que el senador brasileño considerara riesgosa una salida desde un aeropuerto de su país y optara por la frontera de Iguazú
El avión fue contratado por un intermediario estadounidense y habría utilizado matrícula argentina. La participación de Marco Rubio fue negada por funcionarios del Gobierno argentino, aunque Santiago Caputo habría intervenido en la gestión. Caputo tampoco confirmó ni desmintió su participación cuando otros ministros le preguntaron por el operativo
La maniobra no habría sido ejecutada como una operación orgánica de la SIDE. Bolsonaro ingresó con su pasaporte y quedaron registros de su paso. Caputo habría recurrido, en cambio, a personas de confianza dentro de organismos como la Entidad Binacional Yacyretá, Migraciones y la Policía de Seguridad Aeroportuaria
Una demora que dejó rastros
La salida desde Brasil se demoró 20 horas. Esa postergación dejó al avión contratado en pista y a Caputo durante varias horas en Iguazú, una exposición que contradijo el objetivo de mantener la operación fuera de la vista pública
En el Gobierno circulan dos explicaciones. Una sostiene que el piloto comentó que sabía quién era el pasajero y que esa información provocó temor en Bolsonaro. La otra atribuye la demora a las dificultades para contratar un servicio dispuesto a trasladarlo con su familia y sus pertenencias desde Brasilia hasta Iguazú
En la Casa Rosada consideran que la administración de Luiz Inácio Lula da Silva pudo haber facilitado la salida. Un especialista citado en la reconstrucción sostiene que era improbable que Bolsonaro recorriera 1600 kilómetros sin que la Agencia Brasileña de Inteligencia lo supiera
En Brasil, en cambio, plantean que se trató de un asunto entre Bolsonaro y la Justicia, y que la salida fue posible por la falta de controles en el sector brasileño de la Triple Frontera. Itamaraty convocó a la encargada de Negocios argentina, María Emilia Cortés, para pedir información sobre lo ocurrido
El ingreso a la Argentina fue considerado legal porque todavía no se había emitido una cédula roja de Interpol. La huida también alivió la posición de Lula, cuestionado por la decisión del juez Alexandre de Moraes de retirar los pasaportes de Bolsonaro poco después del escrutinio
La derecha brasileña también se reacomodó tras la partida del senador. El gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, ganó centralidad y Michelle Bolsonaro apareció como una figura emergente dentro de ese espacio
Agendas superpuestas
El desconcierto de Monteoliva no solo exhibió los problemas de una operación encubierta. También funcionó como una muestra de la descoordinación interna del Gobierno, donde conviven agendas que compiten entre sí y espacios de decisión cada vez más numerosos
Luis Caputo busca un acuerdo con los gobernadores para transmitir gobernabilidad. Karina Milei acepta la necesidad de diálogo, aunque con límites. Diego Santilli trabaja para suspender las PASO, mientras los Menem disputan influencia con los mismos dirigentes provinciales
También aparecen diferencias sobre el proyecto Malvinas y sobre la política económica. Santiago Caputo impulsa esa iniciativa, Martín Menem expresa poco interés y Patricia Bullrich reclama una rápida reactivación, mientras Milei insiste en mantener el rumbo actual
El Gobierno no logró recomponer un orden interno después de la reestructuración ministerial de hace un año. A la mesa económica, integrada por Milei, Luis Caputo y Santiago Bausili, se suma la influencia reservada de Federico Sturzenegger. La mesa política de los martes se amplió hasta perder capacidad de resolución, mientras otros encuentros informales compiten por definir la estrategia
La falta de resultados económicos profundizó las tensiones. Algunos dirigentes comenzaron a dudar de las posibilidades de reelección y a priorizar objetivos propios. El resultado, según la descripción de funcionarios del oficialismo, es una estructura de poder fragmentada, aunque el discurso presidencial mantenga una fuerte disciplina en las redes sociales
Un giro hacia la producción
En las últimas semanas el Gobierno comenzó a incorporar términos como “producción” y “pymes” a su discurso. Es parte del esfuerzo de Luis Caputo por responder a las críticas por la falta de reactivación, con Diego Santilli como aliado político
El ministro busca mostrar que la energía y la minería pueden impulsar a otras industrias y regiones. Para eso pidió a las empresas que comuniquen sus inversiones, la cantidad de trabajadores que emplean y las pymes que contratan
En ese marco se organizó la visita de Milei y sus funcionarios a un yacimiento de Catamarca explotado por Río Tinto, dentro del recorrido del RIGI por nueve provincias. En Rosario, Karina Milei defendió una relación en la que ganen tanto las grandes compañías mineras como las pymes argentinas
El planteo responde a la preocupación de sectores industriales por el posible beneficio de proveedores extranjeros, entre ellos empresas chinas. El debate se intensificó después de que se informara que el proyecto Vicuña importaría desde Pekín un campamento modular de altura
El Gobierno sostiene que el 82% de los empleos generados por el régimen son locales y que existen proveedoras vinculadas con sus beneficiarios en 20 provincias. Para los industriales, el desafío es que el Estado administre la transición económica sin abandonar el equilibrio fiscal ni delegar toda la transformación en el sector privado
El oficialismo busca mantener ese impulso hasta el año electoral. No se prevé un repunte económico notable en 2027, pero sí sostener expectativas suficientes para que Milei afronte su intento de continuar en el poder