BRASILIA.– Luiz Inácio Lula da Silva inicia su cuarto mandato ante una tensión que atraviesa toda su agenda económica. En apenas 24 horas, el presidente envió señales dirigidas a públicos distintos: primero reclamó una economía ordenada para atraer inversiones y luego aseguró que los sectores más pobres no pagarán el costo de las decisiones financieras
La contradicción resume el desafío que tiene por delante. Lula ganó la elección por 4,4 millones de votos después de remontar una campaña que parecía perdida. Su triunfo se apoyó en jóvenes, jubilados y movimientos sociales que ahora le reclaman mantener intacto el gasto social
Al mismo tiempo, los indicadores económicos restringen su margen de acción. La deuda bruta alcanzó el 82,9% del PBI, más de diez puntos por encima del nivel que recibió en 2023. El dólar cerró a 5,49 reales, su cotización más alta en casi un año, y el Banco Central detuvo el ciclo de reducción de la tasa Selic, que quedó en 13,75% anual. El interés real ronda el 9,5%
El costo de las promesas electorales
Durante la campaña, Lula cuestionó la búsqueda de superávit y anunció paquetes y medidas por más de 400.000 millones de reales, equivalentes a unos 73.000 millones de dólares. La Institución Fiscal Independiente del Senado calcula que los compromisos asumidos abren un déficit de aproximadamente 86.000 millones de reales, unos 15.700 millones de dólares, que no están contemplados en el presupuesto
En Brasilia volvió a aparecer la expresión “estelionato eleitoral”, utilizada para describir la promesa de no ajustar durante una campaña y la adopción posterior de medidas de austeridad. El antecedente más citado es el de Dilma Rousseff, quien ganó su reelección en 2014 con ese compromiso y luego designó a un ministro de Hacienda ortodoxo. El ajuste terminó bloqueado por su propio partido
Lula se muestra reacio a cualquier decisión que pueda ser interpretada de ese modo. Sus ministros evitan hablar de “ajuste fiscal” delante de él y prefieren referirse a una racionalización del gasto
El presidente tiene previsto hablar en cadena nacional y reafirmar su compromiso con la responsabilidad fiscal, aunque no se espera que anuncie medidas ni revele quién conducirá Hacienda. Después viajará a Turquía para la COP31 y a Filipinas para la cumbre de la ASEAN. Las propuestas económicas llegarían tras su regreso, el 16
Un ajuste compatible con el gasto social
El economista Nelson Marconi sostiene que Lula puede ordenar las cuentas sin abandonar sus principales políticas sociales. Para eso, plantea reducir el ritmo de crecimiento del gasto y mantener sus aumentos por encima de la inflación
Entre sus propuestas figuran limitar a un punto porcentual real el aumento de jubilaciones y beneficios sociales en los años de crecimiento, frente al techo vigente de 2,5%; reducir gradualmente los incentivos fiscales; aumentar la carga sobre dividendos y patrimonio, y avanzar hacia una reforma previsional de largo plazo
Marconi también considera que el modelo basado en consumo, transferencias y endeudamiento muestra señales de agotamiento. A su juicio, una baja de las tasas de interés solo sería posible si el Gobierno ordena al mismo tiempo sus ingresos y su resultado primario
La presión sobre las tasas y el Congreso
La posibilidad de reducir la Selic generó inquietud en el mercado después de que circulara la versión de una reunión con André Lara Resende, uno de los autores del Plan Real, quien propone llevar la tasa al 7,5% en un año. Hacienda descartó esa alternativa y su titular, Dario Durigan, afirmó que no existe una fórmula mágica para resolver la situación
El Gobierno analiza medidas más acotadas: endurecer los límites al gasto, acercarse al centro de la meta fiscal, gravar inversiones que hoy están exentas y recortar los salarios más altos del Poder Judicial. El politólogo Leonardo Barreto prevé anuncios parciales, seguidos de evaluaciones y nuevas medidas
Para Barreto, el principal problema es político. El oficialismo tendría la base legislativa más pequeña desde 1990, mientras que el Partido Liberal de los Bolsonaro ganó peso en el Senado. Lula busca apoyarse en la movilización social para impulsar su agenda frente a un Congreso más hostil
El analista no descarta que el presidente intente convertir algunas votaciones en una disputa directa con los legisladores. También considera posible que utilice la estructura digital de la campaña para presionar en cada negociación difícil
Un ciclo que puede agravarse
Lula recuerda que entre 2003 y 2010 logró superávit primario durante todos sus años de gobierno, mientras combinaba disciplina fiscal con la creación del Bolsa Família. Sin embargo, en marzo afirmó que la izquierda se equivocó al adoptar la agenda del Consenso de Washington y dejó abierta la posibilidad de que su nuevo mandato sea el más izquierdista de su trayectoria
La dificultad está en que cada demora puede profundizar el problema. La indefinición aumenta la desconfianza del mercado, debilita la coalición política, eleva el costo de cualquier ajuste y alimenta nuevas dudas dentro del Gobierno. Así, el ciclo vuelve a comenzar
Lula confía en resolver la tensión con el tiempo, como lo hizo en anteriores enfrentamientos con los mercados. Pero el Gobierno enfrenta una advertencia concreta: podría disponer de menos tiempo del que cree para definir su rumbo