Belgrado. El cuerpo de Ratko Mladic, ex comandante serbobosnio condenado a prisión perpetua por genocidio y crímenes de guerra, fue velado este lunes en la capital de Serbia, mientras el país desafiaba las advertencias de la Unión Europea contra cualquier homenaje público

Desde temprano, miles de personas llegaron a la pequeña iglesia ortodoxa de San Lucas para rendir tributo a Mladic, que para muchos serbios sigue siendo un héroe. Sobre el ataúd colocaron su gorra militar y su sable, y a los costados se apostaron hombres con uniforme de campaña

Medios afines al gobierno informaron que el funeral incluirá honores militares completos y que el patriarca Porfirije encabezará la ceremonia religiosa

Un funeral cargado de simbolismo

Mladic murió el 27 de agosto, a los 84 años, en La Haya, mientras cumplía la condena dictada por su rol en la guerra de Bosnia de 1992 a 1995. Aunque los arreglos formales del sepelio corrieron por cuenta de su familia, el gobierno serbio envió un avión para trasladar sus restos a Belgrado y soldados llevaron el féretro cubierto con la bandera nacional

El sábado ya se había realizado una ceremonia militar en una sede oficial del ejército serbio

Rechazo europeo y respaldo interno

La decisión de homenajearlo provocó fuertes críticas en Europa. La comisaria de Ampliación de la UE canceló un viaje previsto a Serbia y sostuvo que la glorificación de Mladic es incompatible con los valores del bloque

También cuestionaron el homenaje otros funcionarios europeos, líderes regionales y familiares de víctimas de la guerra en Bosnia, que dejó más de 100.000 muertos y más de un millón de desplazados antes del acuerdo de paz de 1995 impulsado por Estados Unidos

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, desestimó las críticas y acusó a la comisaria de mentir. Vucic, que no asistirá al funeral, endureció su discurso contra Occidente en la antesala de una elección parlamentaria anticipada prevista para el próximo mes

La sombra de Srebrenica

Mladic fue condenado en 2017 por organizar la masacre de más de 8.000 musulmanes en Srebrenica en 1995, además del prolongado asedio de Sarajevo y otros crímenes, entre ellos la creación de campos de concentración para civiles no serbios y soldados enemigos detenidos

Desde su muerte, sus admiradores han realizado vigilias, pintado murales con su imagen en Belgrado y encendido bengalas en su honor. Serbia, además, continúa sin reconocer que en Srebrenica se cometió un genocidio y describe la matanza como un “crimen horrible”

La disputa vuelve a exponer la tensión entre el discurso nacionalista serbio y las exigencias europeas, en un contexto en el que la candidatura del país a la Unión Europea sigue estancada