Una de cada seis personas en el mundo está afectada por la soledad. Además, el 24% de los adultos dice sentirse muy o bastante solo, una cifra que supera los mil millones de personas. En la Argentina, el porcentaje llega al 28%
En este contexto, el psicólogo organizacional Adam Grant analiza en su nuevo libro la química entre las personas y plantea que las conexiones no solo se encuentran: también pueden construirse
Cuatro formas de relacionarse
Grant propone observar los vínculos más allá de las categorías habituales, como amigos, familiares o compañeros de trabajo. Distingue cuatro tipos: los asociados, basados en intercambios; los aliados, unidos por un propósito; los compinches, vinculados por la diversión; y los confidentes, relacionados con el cuidado
Una misma persona puede ocupar más de un lugar o cambiar de categoría con el tiempo. Identificar qué se espera de cada relación ayuda a ajustar las expectativas y a evitar exigirle a un solo vínculo que cumpla todas las funciones
La química también se practica
Para Grant, la conexión no depende únicamente de la suerte o de la personalidad. Es una habilidad que puede estimularse al reemplazar la charla trivial por preguntas lúdicas y al compartir experiencias activas
Una pregunta inesperada, como discutir si un pancho es un sándwich, puede abrir una conversación distinta a un simple “¿qué tal?”
El valor de los vínculos dormidos
La frecuencia del contacto no es el único factor que sostiene una relación. Aunque la comunicación regular ayuda a construirla, algunos vínculos pueden conservar su valor después de largos períodos sin contacto
En ciertos casos, ejecutivos que retomaron conversaciones con personas a las que no veían desde hacía más de tres años recibieron consejos más novedosos y útiles que los provenientes de su círculo actual
Grant recomienda reactivar esos lazos con gestos simples, como enviar un meme o un enlace interesante, una práctica que denomina pebbling. También propone escribirle a alguien con quien hace tiempo no se habla
La idea central es que los vínculos no son estructuras fijas. Se fortalecen cuando las expectativas son claras, los roles se distribuyen y existen acciones concretas para mantener la conexión